Ingeniería en Venezuela

La Ingeniería en Venezuela

   El auténtico nacimiento de la enseñanza formal, institucionalizada y permanente para esta área profesional en el país deba esperar a 1831, cuando la República iniciaba su tránsito en solitario tras la disolución de la Gran Colombia y aún se recuperaba de las convulsiones de la lucha por la Independencia. 

   Si nos remontamos  al siglo XVIII vemos los inicios enfocados en ingeniería militar, ocupada en lo referido a fortificaciones, armamento, transporte, comunicaciones y logística castrense. Quienes integraban el cuerpo de ingenieros venían por origen familiar de sectores de élite en España y en sus colonias, siendo ese origen decisivo para su ingreso y ascenso exitoso dentro de esta rama militar, que sólo recibía a privilegiados y les otorgaba más privilegios. En cuanto a formación profesional, apenas fue accesible para muy pocos nacidos en territorio venezolano, pues de no ir a adquirirla en la península ibérica o a plazas militares importantes en América como México o La Habana, dependía de que alguno de los escasos ingenieros hispanos destinados en estas tierras organizase con la venia real una “Academia”, nombre dado a un curso en el cual ese único ingeniero-docente instruía a pequeños grupos de aprendices, normalmente con recursos inciertos, duración irregular y afrontando distintos escollos.



   Mientras ocurre la Guerra Federal, se establece en Caracas, el Colegio de Ingenieros de Venezuela (CIV), con funciones esencialmente técnicas y consultivas, para lo cual constituye siete comisiones: Geodesia, Estadística, Construcciones, Militar, Maquinaria, Ciencias Naturales y Náutica.



   Se inicia el proceso de transformación de la Universidad Central de Venezuela, que incluye la creación de la Facultad de Ciencias Exactas, en la cual se otorgan los títulos de Ingeniería, despojados de todo componente militar. 



   Con diez alumnos se establece la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Los Andes en Mérida, con potestad de otorgar grados en ingeniería civil. La UCV cuenta con las especialidades de Civil y Agronómica (ésta sólo en el papel) dentro de la ahora llamada Facultad de Matemáticas y Física. En ambas universidades los estudios profesionales, con 4 años de duración, se imparten en una concepción académico-docente tradicional, aspecto que cambia durante la década siguiente.



   El número anual de títulos en ingeniería y áreas afines registrados en el CIV, supera por primera vez el centenar. En la Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia (ESAZ), con sede en El Valle, al sur de Caracas, dependiente de los Ministerios de Agricultura y Cría (MAC) y de Fomento, se abren estudios de ingeniería agronómica. La vieja Escuela de Artes y Oficios se convierte en Escuela Técnica Industrial de Caracas, primer centro moderno de formación de peritos y técnicos medios en el país; el principal promotor de ese proceso renovador es el ingeniero Luis Caballero Mejías (1903-1959), quien ejercerá la dirección de la institución hasta su muerte.

L. Caballero Mejías y R. Loero Arismendi, promotores de la enseñanza técnica media en el país.


   Creación del Instituto de Modelos y Materiales Estructurales (IMME) en la FI–UCV, que después cuenta con instalaciones de prueba y ensayo, por mucho tiempo únicas en Latinoamérica. En esa misma facultad, que ese año llega a ser la primera en inscritos de la UCV y que casi triplicó su matrícula en comparación a 1957, se elimina la Escuela de Ingeniería Industrial, y en su lugar surgen tres Escuelas: Ingeniería Eléctrica, Ingeniería Mecánica e Ingeniería Química y de Petróleo. Se ofrece en la FI-UCV el primer postgrado estable de ingeniería en el país: la Maestría de Ingeniería Sanitaria. Se realiza la “Primera Reunión de Científicos, Educadores y Empresarios para el Desarrollo Económico”. La Universidad de Oriente (UDO) abre cursos de ingeniería en los Núcleos de Bolívar (Geología y Minas) y Monagas (Petróleo y Agronomía); al año siguiente también en Nueva Esparta (Química) y Anzoátegui (Eléctrica, Industrial, Mecánica y Química).


   Hay cuatrocientos cuarenta y cuatro estudiantes venezolanos de ingeniería en Estados Unidos, las especialidades más cursadas son: eléctrica (ciento veinticinco), mecánica (ciento catorce) y química (ochenta y cuatro). Se establecen el Instituto de Investigaciones Agropecuarias y el Centro Interamericano de Desarrollo e Investigación Ambiental y Territorial en la ULA. Creación del Comité Conjunto de Concreto Armado, iniciativa de investigación aplicada que involucra al IMME-UCV, al INVESTI, a entes gubernamentales y a empresas privadas; este Comité se mantendrá activo hasta 1975.

   la Reforma a la Ley de Universidades y otras medidas a todo nivel evidencian la llamada “Revolución Educativa”, de propósitos entre los que destaca impulsar la prioridad de los estudios de Ingeniería, modelo que se asomó con la UDO y se ve claramente en la Universidad Simón Bolívar, que ese año inicia cursos con estudiantes seleccionados vía examen de admisión en cinco carreras, tres del área de Ingeniería: Eléctrica, Mecánica y Química; dos años después abrirá otro par de carreras de Ingeniería: Electrónica y Computación (Universidad Simón Bolívar, 2010). En la ULA hay tres nuevas carreras de Ingeniería: de Sistemas, Mecánica y Química, que en 1974 dan origen a las respectivas Escuelas de esa Universidad; también inicia labores el Instituto de Fotogrametría de FI-ULA.
Represión a protesta estudiantil en tiempos de la Renovación (reproducción de fotografía de prensa de la época).


   SAYCIT, organismo dependiente del CONICIT, establece el primer acceso estable desde Venezuela a Internet, que comienza atendiendo a menos de cincuenta usuarios del ámbito académico y de la investigación, y al año siguiente llega al millar. Al resolverse un conflicto jurídico e institucional que retrasa por doce años su constitución, finalmente empieza a funcionar la Universidad Nacional Experimental Politécnica “Antonio José de Sucre” (UNEXPO), que reúne a los anteriores Politécnicos de Barquisimeto, Caracas y Guayana.



   En los 50 años del segundo período que describimos, si bien existe el afán por hacer de la enseñanza de ingeniería un elemento más que impulse el papel de esta profesión en el progreso y civilización del país (como se diría en esos tiempos), tal intención se frustra ante una realidad nacional donde no existen sólidas fuerzas socio-económicas promoviendo la modernización tecnológica. Habrá que esperar al inicio de la era petrolera, en la década de 1920, para que cambien esas circunstancias paralizantes.

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